segunda-feira, 4 de março de 2019

O herói mitológico: o destino, a honra, a alma


O herói mitológico: o destino, a honra, a alma - (Primeira parte)

                        O conceito de herói está associado ao de aventura que é a representação da busca do sentido da vida com todas as suas consequências: perigo, ajuda, lutas, amores, perdas, conquistas, abandono, encontros, mortes, retorno. A imagem do herói data de um passado imemorial do que se tem referência através de sua vida, suas façanhas e suas desventuras. O tempo mítico é medido pelos ciclos que iniciam e fecham batalhas heroicas. Não existe tempo cronológico, não existem datas, somente uma essência da memória expandida, narrada e repetida em função das difíceis tarefas e ações laboriosas feitas por ele.
            Segundo López Eire em seu livro La Mitologia de los héroes y la Cronologia, "os mitos gregos dos heróis identificam aos diferentes povos helênicos que os narram, os conceituam como grupo, político social, os diferenciam dos outros, lhes concede um prestigio que tenta ser exteriormente reconhecido e aceito".
            Para Hesíodo, autor de Teogonia, os heróis fazem parte da “Quarta Idade” – Idade dos Heróis. Criados por Zeus como "uma raça mais justa e mais brava, raça divina de heróis que se denominam semideuses".
            O destino (Moira) final do herói é segundo os gregos, definitivamente “fiado” para cada um. O destino é "fixo e não sujeito a mudanças, não podendo ser alterado". Mas para o poeta Homero, o destino se confunde com a vontade dos deuses, principalmente Zeus. "O poderoso deus olímpico em varias passagens da Ilíada dá a entender que pode modificar a moira". Às vezes, seu poder se confunde com o próprio destino. 

            Os gregos do tempo de Homero, sabedores de que o além-túmulo que lhes era oferecido eram na verdade a escuridão e o vazio, fizeram desta vida, heroica ou miserável, a sua última oportunidade, buscando estende-la através da honra (Timé). Esta é a razão do heroísmo: aprender a colocar a vida em um plano muito superior para sacrificá-la à honra, que há de eternizá-la. Aquiles é o exemplo perfeito da imagem de uma humanidade condenada pelos desígnios dos deuses, teve a sua morte profetizada pelos oráculos. O herói, para elevar sua vida no presente e eternizar a memória no futuro, apressou a morte indo à guerra de Tróia para cobrir-se de honra e de glória.
            Em Tróia quando Aquiles foi ofendido em sua honra pelo rei Agamenon, sua mãe Tétis implora a Zeus que restitua a honra do herói:

“Se entre imortais, Senhor, lhe fui profícua por dito e ação, preenche-me este voto: orna meu filho a vida, já que é breve. Glorifica-o, ó pai celeste, e que de honras o acumulem os Dânaos” (Il., I, 15)

             O rei, chefe da tribo, do clã ou da família, torna-se após a morte o que ele foi em vida, o senhor, quer dizer, o “herói”, o protetor dos que lhe habitam o território, o reino; seu culto era na verdade uma religião de família e do grupo havendo a necessidade de uma descendência para continuá-lo e transmiti-lo. Sem isso, o culto à alma do morto, só sobreviveriam no mito. Com a morte do corpo, a alma se torna uma imagem que reproduz os traços exatos do morto nos seus últimos momentos.

sábado, 2 de fevereiro de 2019

La historia de don Quijote escrita por el historiador arábigo Cid Hamid Berenjena

La historia de don Quijote escrita por el historiador arábigo Cid Hamid Berenjena, traducida al castellano por un morisco de Alcaná de Toledo y muy bien cuidada y revelada por un curioso lector cristiano.

SEGUNDA PARTE – CAPÍTULO III

“No hay libro tan malo que no tenga algo bueno”
            Dijo el lector que habló el escritor y que escribió el traductor que el cual prosiguió diciendo que siguió la conversación entre Sancho, don Quijote y Sansón Carrasco:
            -Bien haya Cid Hamid Berenjena, que la historia de vuestras grandezas dejó escritas, y rebién haya el curioso que tuvo cuidado de hacerlas traducir de arábigo en nuestro vulgar castellano, para universal entretenimiento de las gentes -razonó Sansón Carrasco-.
            Dicho eso, le hizo levantar don Quijote que dijo:
            -De esa manera, ¿verdad es que hay historia mía y que fue moro sabio el que la compuso?
            -Es tan verdad, señor –dijo el bachiller Sansón-, que tengo para mí que el día de hoy están impresos más de doce mil libros de la tal historia: si no, dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso, y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes; y a mí se me trasluce que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga.
            -Una de las cosas –dijo don Quijote- que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa. Dije con buen nombre, porque, siendo al contrario, ninguna muerte se le igualará.
            -Si por buena fama y si por buen nombre va –dijo Sansón-, solo vuestra merced lleva la palma a todos los caballeros andantes; porque el moro en su lengua y el cristiano en la suya tuvieron cuidado de pintarnos muy al vivo la gallardía de vuestra merced..,
            -Pero dígame vuestra merced, señor bachiller: ¿qué hazañas mías son las que más se ponderan en esa historia? –Dijo el caballero andante-.
            -En eso –respondió el bachiller- hay diferentes opiniones como hay diferentes gustos: unos se atienen a la aventura de los molinos de viento, que a vuestra merced le parecieron Briareos y gigantes; otros, a la de los batanes; éste, a la descripción de los dos ejércitos, que después parecieron ser dos manadas de carneros; aquél encarece la del muerto que llevaban a enterrar a Segovia; uno dice que a todas se aventaja a la de los dos gigantes benitos, con la pendencia del valeroso vizcaíno.
            -Dígame, señor bachiller –dijo Sancho-: ¿entra ahí la aventura de los yangüeses, cuando a nuestro buen Rocinante se le antojó pedir cotufas en el golfo?
            -No se le quedó nada –respondió Sansón- al sabio en el tintero: todo lo dice y todo lo apunta, hasta lo de las cabriolas que el buen Sancho hizo en la manta.
            -En la manta no hice cabriolas –contestó Sancho-; en el aire, sí, y aún más de las que yo quisiera.
            -Dijo Sansón Carrasco que la historia de don Quijote es “-tan clara –que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: “Allí va Rocinante…” Finalmente, la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta ahora se haya visto, porque en toda ella no se descubre ni por semejas una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico”.
            -¿Hay otra cosa que enmendar en esa leyenda, señor bachiller? –preguntó don Quijote.
            -Sí debe de haber –respondió él-, pero ninguna debe de ser de la importancia de las ya referidas.
            -Y por ventura -¿promete el autor segunda parte? –Dijo don Quijote-.
            -Sí promete –respondió Sansón-, pero dice que no ha hallado ni sabe quién la tiene, y, así estamos en duda si saldrá o no, y así por esto como porque algunos dicen: “De las cosas de don Quijote bastan las escritas”, se duda que no ha de haber segunda parte; aunque algunos que son más joviales que saturninos dicen: “Vengan más quijotada, embista don Quijote y hable Sancho Panza y sea lo que fuere, que con eso nos contentamos”.
            -¿Y a qué se atiene el autor?
            -A que -respondió Sansón- en hallando que halle la historia, que él va buscando con extraordinarias diligencias, la dará luego a la estampa, llevado más del interés que de darla se le sigue que de otra alabanza alguna.
            De eso dijo Sancho: -Atienda ese señor moro, o lo que es, a mirar lo que hace, que yo y mi señor le daremos tanto ripio a la mano en materia de aventura y de sucesos diferentes, que pueda componer no sólo segunda parte, sino ciento…

sexta-feira, 25 de janeiro de 2019

La verdadera historia de don Quijote escrita por Cid Hamid Berenjena


La historia de don Quijote escrita por el historiador arábigo Cid Hamid Berenjena, traducida al castellano por un morisco de Alcaná de Toledo y muy bien cuidada y revelada por un curioso lector cristiano.
  
Cuenta el historiador Cid Hamid Berenjena en la segunda parte de esta historia que el bachiller Sansón Carrasco, hijo de Bartolomé Carrasco, que viene de estudiar de la universidad de Salamanca en su razonamiento con don Quijote y Sancho Panza les dijo andar en libros la historia del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Don Quijote imaginó que solo por hecho de un sabio amigo o enemigo sus hazañas podrían haber salido en  libros ya que aún no las había terminado.

¿Cómo mis hazañas ya estaban escritas si todavía no estaba enjuta en  la cuchilla de mi espada la sangre de los enemigos que yo había muerto?- razonó el caballero.
Y lo peor fue haber sido escrita por un historiador arábigo, porque de esa gente, dijo don Quijote:

 - no se podía esperar verdad alguna porque todos son embaucadores, mentirosos y dados a inventar falsedades. Pero se consoló el caballero andante cuando pensó que solo la historia siendo de caballero andante, “por fuerza había de ser grandílocua, alta, insigne, magnífica y verdadera.”

- Ahí entra la verdad de la historia – dijo Sancho.

- También pudieran callarlos por equidad- dijo don Quijote-, pues las acciones que ni mudan ni alternan la verdad de la historia no hay para que escribirlas, si han de redundar en menosprecio del señor de la historia.

- Así es – replicó el bachiller Sansón Carrasco -, pero uno es escribir como poeta, y otro como historiador: el poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna.

- Pues si es que se anda a decir verdades ese señor moro – dijo Sancho.

quarta-feira, 23 de janeiro de 2019

José Martí, mártir da independência cubana: NOSSA AMÉRICA

NOSSA AMÉRICA

      Crê o aldeão vaidoso que o mundo inteiro é a sua aldeia, e desde que ele seja o alcaide, que humilhem o rival que lhe roubou a namorada, ou lhe cresçam no mealheiro as economias, acha que a ordem universal é ótima, sem saber dos gigantes que levam sete léguas nas botas, e podem pôr-lhe a bota em cima, nem da contenda dos cometas no céu, que vão pelo ar adormecidos engolindo mundos. O que reste de aldeia na América, haverá de despertar. Os tempos que correm não são para dormir com o lenço atado à cabeça, se não com as armas como almofadas, que vencem as outras. Trincheiras de idéias, valem mais que trincheiras de pedras...


José Julián Martí Pérez nasceu em Havana em 1853 e morreu em batalha contra o exército espanhol em 1895. Foi político, poeta e escritor, e é considerado mártir e apóstolo da independência cubana e também herói nacional.

segunda-feira, 21 de janeiro de 2019

O romance Pedro Páramo do escritor mexicano Juan Rulfo


O romance Pedro Páramo do escritor mexicano Juan Rulfo
O romance Pedro Páramo foi escrito em 1955 por Juan Rulfo.
        Que “ingenio” possui esta obra para que Gabriel García Márquez se inspirasse e escrevesse em 1967 Cem Anos de Solidão?

            Qual seria o tema? Como foi construída sua narrativa?

            Em Pedro Páramo, o tema pode ser: o eterno retorno, a busca pelo pai, a busca da identidade, o paraíso perdido da infância, a destruição do éden nativo, e as ilusões perdidas. Na simultaneidade dos planos narrativos, a história do povoado de Comala não segue a ordem cronológica, nem pode ser entendida em uma só perspectiva.
          Na primeira parte do romance, em um povoado abandonado, encravado no meio rural mexicano, Comala, o jovem Juan Preciado vai à procura de seu pai, Pedro Páramo. Através das lembranças de sua mãe, vai descobrindo a memória histórica do povoado onde nasceu. Porém a voz materna confunde-se com uma série de outras “vozes” que a interrompem e abrem caminho para a segunda parte do romance.
            A partir desse momento, a narrativa passa à terceira pessoa, as lembranças e as recordações passam a ser coletivas. Entre recordações, vozes e murmúrios, desenvolve-se a história do cacique Pedro Páramo e das demais personagens.
        Pedro Páramo não é um romance histórico, contudo a historia é um elemento relevante, e ao povoado chegam ecos do mundo exterior. A Revolução mexicana (1910 – 1920) e a Guerra Cristera (1926 – 1929) encontram Comala e os efeitos são desastrosos. Com calculado oportunismo, o cacique Pedro Páramo apóia causas contraditórias que contribuirão para a sua fortuna pessoal. Rulfo se utiliza da história, mas apenas como pano de fundo.
         Quando chega a Comala, Juan Preciado logo se dá conta de que o povoado responde a outra lógica temporal e espacial. O tempo cronológico e o espaço físico ficam para trás, o mito pede passagem.


quinta-feira, 17 de janeiro de 2019

La verdadera historia del Quijote escrita por Cidi Hamid Berenjena

La verdadera historia de don Quijote escrita por el historiador arábigo Cid Hamid Berenjena y traducida al castellano por un morisco bilingüe y muy bien revelada por el curioso lector.


La verdadera historia del ingenioso hidalgo don Quijote ya había sido escrita por un historiador árabe llamado Cid Hamid Berengeli o Berengena, traducida al castellano por un morisco de Alcaná de Toledo y muy bien cuidada por un curioso lector cristiano.  Dijo don Quijote -"Si falta alguna verdad en la historia del caballero andante, la culpa lo tiene el escritor arábico, no el caballero. Porque las aventuras del Quijote están dentro de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, deposito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir..."  
¿Cómo pudo saber el historiador que las escribió? - dijo Sancho. - Debe de ser algún sabio encantador, el autor de nuestra historia. Anãdió don Quijote.

sexta-feira, 13 de fevereiro de 2015

Carnaval, carnavalização e literatura

     O Carnaval é o reino utópico da liberdade, da universalidade e da igualdade humana, onde as tensões não se rompem, se conciliam. Na Idade Média era a segunda vida do povo. A visão carnavalesca do mundo medieval seria a de uma segunda vida, um segundo mundo da cultura popular, a paródia da vida humana.

     Paródia é imitação burlesca, canto paralelo, texto duplo que contém o texto parodiado do qual é a negação e a alternativa. A outra maneira de ler o convencional.

     O Carnaval desaparece com a distância entre os homens, entre o que é sagrado e o que é profano. O Carnaval é a paródia do cotidiano, que nega, resgata e renova a vida do individuo. Uma paródia que reflete um mundo não oficial, rompendo momentaneamente com as relações de hierarquia, privilégios, regras e tabus. É a ruptura do tempo cronológico e linear, um regresso do homem ao tempo mítico das origens.

   Diferente do espetáculo teatral, o Carnaval ignora a distinção entre atores e espectadores. Estes não assistem ao Carnaval, o vivem intensamente. Durante os dias de Carnaval no existe outra vida que não seja a do próprio Carnaval. Ele está situado entre a arte e a vida. A natureza mesma do Carnaval é que provisoriamente, o jogo se transforma em vida real.

      O riso carnavalesco é irônico e ambivalente, alegre e cheio de prazer, mas ao mesmo tempo cômico e satírico, um riso que nega e afirma. O riso carnavalesco o sistema não prevê, diferente daquele que entretém com função catártica de alivio das tensões – algo já previsto e esperado como no teatro.

   O riso do povo, ambíguo, jocoso e às vezes destrutivo, desempenha na prática carnavalesca um papel primordial. O riso popular carnavalesco não e só satírico, ou seja, o riso que nega só para divertir, ele é ambivalente, pois  ressuscita e restabelece.

   A linguagem carnavalesca se caracteriza pela lógica original ao contrário. No seu discurso, o carnaval é dialógico, polifônico e intertextual. São vários textos – vozes – superpostos, sendo difícil encontrar uma identidade entre eles.

     Bakhtin, nos seus estudos sobre a prática social do Carnaval, estabelece que a cultura carnavalesca é um aspecto fundamental da cultura cômica popular. O discurso carnavalesco, dialógico e polifônico, introduz sempre uma subversão de valores.

     Segundo o autor, o Carnaval sempre influiu na literatura. As relações do Carnaval com a atividade literária são definidas mediante o conceito de transposição do Carnaval à linguagem da literatura e sua influência é determinante em relação a essa.

  Como o Carnaval, a carnavalização se identifica como uma inversão de valores, subversão cultural que desmistifica o sagrado, representando o mundo ao contrário. A carnavalização confronta e contesta, desconstrói e constrói o mundo.


segunda-feira, 14 de outubro de 2013

A saga da família Terra



Ana Terra, de Érico Veríssimo, conta a saga da personagem Ana Terra e sua família: seu pai Maneco Terra, seus irmãos Antônio e Horacio e sua mãe D. Henriqueta, em uma estância que ficava em um lugar muito distante do povoado de Rio Pardo na província do Rio Grande, da segunda metade do século XVIII ao inicio do século XIX. A vida na estância era dura e de muito trabalho. Um dia, quando Ana  lavava roupa à beira de um pequeno regato, viu um homem ferido e caído. Ele era mestiço e se chamava Pedro Missioneiro, dizia ter servido no exercito com o coronel Rafael Pinto Bandeira contra os castelhanos. Demorou um pouco para que Pedro fosse aceito pela família Terra. Ele era tratado por Maneco Terra como um ser inferior. Aos poucos, Pedro foi cativando e conquistando a todos na estância, principalmente ao coração de Ana.
Com o tempo, a admiração de Ana por Pedro passou a desejo, e ela engravidou. Pela desonra à filha, Maneco Terra ordenou aos seus dois filhos que levassem o forasteiro, o matassem e o enterrassem bem longe da estância. Ana agora estava grávida de um filho sem pai, morto por seus irmãos a mando do seu próprio pai. Em uma noite de primavera, nasceu Pedro Terra, cujo umbigo foi cortado por dona Henriqueta com a velha tesoura de podar. Os anos passavam, Pedrinho foi crescendo. Maneco Terra comprou escravos. Horácio casou-se e foi morar em Rio Pardo, Antônio, também casado, continuou a morar na estância. Algum tempo depois ao sentir fortes dores e antes que pudesse ser socorrida, dona Henriqueta morre.
Mesmo com a morte de dona Henriqueta, a vida não podia parar. Como era seu sonho, Maneco Terra comprou algumas sementes de trigo e começou a semear a terra. A terra era boa e o trigo brotou. Bandidos castelhanos atacaram o rancho da família. Eulália, Pedrinho e Rosa se esconderam dentro do mato. Maneco Terra, Antônio, dois escravos e Ana Terra ficaram à espera dos castelhanos para defender o rancho. O encontro foi desastroso. Os bandidos destruíram e roubaram quase tudo que encontraram. Mataram os homens e abusaram de Ana. Da família Terra agora só restavam Ana, Pedrinho, Eulália e Rosa.
Mas, para Ana Terra a vontade de viver era maior que a desgraça que sofrera, decidiu acompanhar o carreteiro Marciano Bezerra e sua gente para as terras do cel. Ricardo Amaral, que ficava lá para as bandas do norte, subindo a serra. Depois de enterrar os mortos e colocar cruzes nos túmulos, Ana e os sobreviventes partiram para a serra em uma viagem que parecia não ter fim. Depois de muito viajar, chegaram às terras do cel. Ricardo Amaral, “o estancieiro mais rico da zona missioneira”.
O cel. Ricardo Amaral era rico e poderoso, dono das pastagens, das lavouras e de milhares de cabeças de gado. Fez parte do exercito da coroa portuguesa onde lutou centenas de batalhas. Era ao mesmo tempo chefe militar e juiz nos seus domínios. A estância do coronel Amaral se chamava Santa Fé, futuro povoado. Ali Ana Terra construiu seu rancho de taipa, e com a velha tesoura que ainda guardava, virou parteira. Muitas vezes sentada à frente do rancho ou diante da velha roca, passava o tempo pensando em quando chegou àquelas terras. Ali Pedrinho cresceu e se fez homem.
A guerra contra os castelhanos nunca terminava, sempre era hora de  lutar. Pedro Terra, já rapaz, partiu pela primeira vez para as batalhas. Depois de quase um ano de guerra e de ausência dos homens daquela estância, veio a noticia de que o cel. Ricardo Amaral tinha morrido, e que seus filhos estavam regressando com o que havia restando dos homens recrutados. Pedro retornou mais taciturno que antes.
Em 1803, Pedro Terra casou-se com Arminda Melo. Santa Fé virou povoado. No ano de 1804, nasceu o primeiro filho de Pedro, se chamava Juvenal. Dois anos depois, nasceu Bibiana, neta de Ana e filha de Pedro. Em 1811, a paz com os castelhanos foi rompida e as tropas da coroa e os homens do povoado de Santa Fé tiveram que marchar em direção a Banda Oriental. Pedro partiu outra vez para a guerra, e Ana Terra ficou pensando em tudo o que ela havia passado na vida. Pensava no pai, nos irmãos, na mãe, em Pedro Missioneiro, e que sempre que lhe acontecia algo importante estava ventando. Enquanto pensava, o minuano soprava forte lá fora.

terça-feira, 23 de julho de 2013

Morte e vida severnina



Morte e vida Severina, de João Cabral de Melo Neto, conta a história de Severino, um retirante como muitos outros que vivem na caatinga dos sertões de Pernambuco e do Brasil e, como não conseguirem lavrar a terra, ter trabalho e evitar a fome, resolvem deixar o sertão. O retirante se apresenta como Severino da Maria do Zacarias, lá  da serra da Costela, limite da Paraíba, explica o que significa “morte e vida severina”, a morte que alcança o sertanejo desde o momento em que ele nasce ou até mesmo antes, e o que o faz chegar apenas ao limite dos trinta anos.
Severino decide deixar sua terra natal e seguir até o Recife percorrendo as margens do rio Capibaribe, passando por algumas cidades e povoados que há à beira do rio. No seu caminhar o retirante resolve parar em algumas cidades para descansar e conseguir algum trabalho provisório e com isso ter o que comer, porém no seu caminho só encontra miséria e morte, a vida severina é a vida difícil do retirante, pois, além da miséria, a morte também o espera. Não encontrando trabalho que coubesse no seu oficio, Severino decide partir logo para Recife, mas ao chegar a Zona da Mata, de verdes canaviais e terras férteis, não encontra ninguém, apenas morte e desespero. Ainda na Zona da mata Severino assiste ao enterro de um lavrador que na vida nada teve e que morre sem nada deixar.
Severino decide se apressar e chegar logo ao Recife. Na capital, o retirante explica o motivo pelo qual resolveu retirar-se da caatinga, dizendo que de forma nenhuma pensou na cobiça, mas sim, em uma vida melhor. Ele se desilude quanto se dá conta de que a vida tanto na caatinga, no agreste ou na Zona da Mata não tem diferença, e se ela existe, é mínima. Já no Recife, ouve uma conversa entre dois coveiros de como as pessoas são enterrados na capital e de que modo se diferenciam os enterros de ricos e pobres. Severino sabe que a vida do sertanejo e do retirante é sempre dura.
Se na terra árida e pedregosa da caatinga, a vida era dura, na cidade grande a dificuldade seguia. Não havia trabalho ou se havia, era o da pesca de caranguejos e siris nos mangues enlameados do Recife e nas moradias dos mocambos da periferia. O retirante decide dar fim a sua vida se afogando nas águas do Capibaribe, quando então se aproxima seu José, mestre carpina morador de um dos mocambos que tenta dissuadi-lo da tentativa de morte. Nesse ínterim, o nascimento de um bebê em um dos mocambos prende a atenção de todos da vizinhança: era o filho do compadre José que já nascia franzino e pequeno, mas muito comemorado como se fosse o nascimento do menino Jesus, Todos chegam com os mais humildes presentes, mas dando glória a essa nova vida que chega.
Todos querem ver e dar graças pela nova vida que surge em meio à pobreza e à miséria. Chegam os amigos da família e também duas ciganas que pressagiam o futuro da criança. Para uma das videntes, o menino terá o mesmo destino dos pais e dos outros meninos que vivem nos mocambos: fome e miséria, mangue e lama. Mas, para a outra cigana, o futuro do menino será um pouco diferente, ainda que difícil. Ele trocará o negro da lama pelo negro da graxa, trocará o mangue pela fabrica, os caranguejos pelas máquinas. Então, aproveitando a oportunidade, o carpina fala a Severino sobre a vida e sobre a morte. Fala que da morte ninguém pode fugir, que ela alcançará a todos, mas que não há nada mais magnífico que o espetáculo da vida, mesmo sabendo que pode haver uma linha muito tênue entre a morte e a vida severina.


quinta-feira, 14 de março de 2013

Canudos: a invenção do medo



“Quem ouvir e não aprender
Quem souber e não ensinar
No dia do juízo
A sua alma penará”
A guerra de Canudos não foi apenas um “refluxo em nossa história”, mas também o confronto entre dois Brasis. O Brasil real, miserável e esquecido do sertanejo e o Brasil da República Velha: mentiroso, falso, superficial, da grande propriedade fundiária, que a principio se estanca no Tenentismo dos anos 20, na Semana de Arte de 22 e na Revolução de 30.
Em 1894, jagunços de Canudos espalhavam o terror por algumas cidades do sertão da Bahia, gerando calorosa e inútil discussão na Assembléia Estadual. O arraial já era conhecido pela reunião de crentes, de fanáticos e pela malta de facínoras e valentões. Então, por que era permitida a sua existência pelas autoridades governamentais? Aquela gente inculta e miserável, perdida e esquecida no fim do mundo, estava no seu devido lugar. Bem longe da civilização; bem perto da barbárie.
Canudos, velha fazenda de gado à beira do rio Vasa Barris, era em 1890 uma aldeia de cerca de cinquenta casas mal construídas e arruinadas.  Em 1876, se aglomeravam ao redor da fazenda, ainda florescente, uma malta suspeita e ociosa, “armada até os dentes”. Gente que se ocupava quase exclusivamente em beber aguardente e fumar cachimbo em canudos de metro de extensão de tubos fornecidos por uma planta que abundava na região.
O Conselheiro chegou a Canudos em 1893, encontrando o rancho em abandono, a antiga casa grande em ruínas e a Igreja Velha ainda de pé. Antônio Conselheiro não era um incompreendido, “a multidão o aclamava como representante natural das suas aspirações mais altas”. Tinha na atitude, na palavra e no gesto: a tranquilidade, a altivez e a resignação soberana de um apóstolo. Dizia àquela gente o que ela precisava e gostava de ouvir. Falava da seca, da miséria, dos meses de fome, das epidemias e dos maus políticos.
Naqueles sertões desertos
De esquisitos carrascais
Multidões embevecidas
Ouviram sermões de paz
Do maior dos conselheiros.
Isso para os fazendeiros
Era incômodo demais.
Dentro de algumas semanas de 1893, a aldeia velha dava lugar a um novo povoado, cujas ruas eram mal projetadas e em forma de labirinto. As casas eram de pau-a-pique e mal feitas, já nasciam velhas e feias. No começo, se reuniam perto da velha igreja, depois outras construções mais ligeiras surgiram. “Pareciam obedecer ao traçado de um plano de defesa”. O povoado havia sido construído com esquemas de trincheiras por todos os lados, às vezes, fazendo parecer ao viajante desavisado um inofensivo rancho, no qual o inimigo podia cercá-lo, golpeando todas as entradas com uma bateria única. Pura ilusão. Canudos tinha condições táticas de defesa preestabelecidas. “A Tróia de Taipa” se trancava a leste pelas colinas, a oeste e norte pelas ladeiras das terras mais altas e ao sul pelas montanhas. O povo da cidadela não se escondia de eventuais assaltos de cavaleiros, ficavam entocados à espera.
A natureza ao redor de Canudos era um contraste. Era feia e morta, de paisagem triste; porém abundavam os caminhos: Uauá, Caipã, Jeremoabo, Cocorobó, Cambaio, Calumbi e Rosário. A caatinga - juazeiro, favela, mandacaru, baraúna, xiquexique, cabeça-de-frade, quipá, caatanduva, mulungu, caraíba, quixabeira, icózeiro, ouricuri, jurema, umbuzeiro – agride e espanta com suas folhas que queimam e espinhos que ferem. Árvores sem folhas de galhos torcidos e secos que se entrecruzam. O sol ardente impera, castiga e extingue.
O povoado de Canudos ficava ao fundo dos sertões do Piauí, Ceará, Pernambuco e Sergipe. Sertão de verões calcinados, invernos torrenciais e ribeirões que só se enchem nas épocas de chuva. Na estação das secas, se intercalam dias muito quentes e noites frias. Por longos meses de intenso calor à terra é negada a umidade  minguada do ambiente queimado. A flora é deprimente, o solo gretado e duro reflete em todos os sentidos a luz do sol. No mês de março, sem crepúsculo, os dias são mais curtos. O céu se cobre de nuvens. Ventos agitam as folhagens. Troveja; chove forte, e floresce a caatinga.
A Terra da Promissão
por Deus ali prometida,
pregava em cada oração
garantia para a vida.

Que tipo de gente vivia em Canudos?
Havia mulheres beatas; solteiras, que no sertão tem o pior dos significados, soltas, sem freio; moças donzelas ou moças damas e honestas mães de família. De todas as idades, todos os tipos, todas as raças: negras, caboclas, mamelucas, cafuzas, loiras e brancas. Todas vestidas o mais simples possível, da maneira que exigia o Conselheiro. O contraste era ainda maior entre os homens: jagunços, vaqueiros rudes, desocupados, ex-escravos, escravos, pequenos proprietários, expulsos pelos coronéis, índios e os lugar tenentes do Conselheiro: José Venâncio, o terror de Volta Grande, Pajeú, a suçuarana em noite de luar, Lalau, os irmãos Chiquinho e João da Mota, perseguidores de soldados, Pedrão, o cafuzo; Estevão o negro, João Tranca-Pés, Raimundo Boca-Torta, o ágil Chico Ema, o valente Norberto, o vitorioso Quimquim de Coiqui, Antônio Fogueteiro do Pau-Ferro, Vila Nova, o Velho Macambúa, exímio planejador de tocaias, João Abade, o comandante de rua, Antônio Beato, sacristão e soldado, José Felix, o Taramela, guarda das igrejas, chaveiro e mordomo do Conselheiro. Todos carregavam bacamartes, garruchas, espingardas, pistolas, facões e porretes. O Arraial do Bom Jesus do Belo Monte chegou a ter cerca de 30 mil habitantes.
A Bahia foi um palco,
De dor e desespero
A cidade de Canudos
viveu toda essa cena,
De homens livres e progresso,
Mas inquietou o Império,
A República viu algo sério
“Quem tiver perna que corra. Quem quiser ficar que fique...”
Antônio Conselheiro prega a desobediência civil contra a República. Queima tábuas de editais cobrando novos impostos. Nas suas andanças pelo sertão, o Conselheiro denuncia à seca, o casamento civil e os novos pesos e medidas.
O Conselheiro interpretava
A Bíblia à sua maneira
Não obedecia a bispo,
Nem a padre nem a freira
Se ainda tivesse a mão
De tal Santa Inquisição
Seu destino era a fogueira.
Em 1896, madeiras compradas pelo Conselheiro, mas não entregues por determinação e precipitação de um juiz, fizeram com que o ermitão determinasse a sua retirada do depósito pela força. Canudos virou uma ameaça. Então, seguiram-se pedidos de providências ao governador do estado da Bahia.
Pela sua rebeldia
foi Canudos atacado
Alheio as leis da Bahia
havia imposto negado.
A República brasileira contra Canudo
A primeira expedição chegou a Juazeiro no dia 7 de novembro de 1896. A primeira vitória de Canudos foi sobre a polícia baiana, que possuía um efetivo de 107 homens: três oficiais e cento e quatro praças, comandados pelo tenente Manuel da Silva Pires Ferreira. Os soldados estavam despreparados para as andanças no sertão, de altíssimas temperaturas, em uma das regiões mais assoladas pela seca.
Foi em novembro do ano
Dezoito e noventa e seis
Do outro século passado
Que pela primeira vez
Canudos foi atacado
No dia 7 do mês.
A segunda expedição foi comandada pelo major Febronio de Brito. Levava 543 praças, 14 oficiais, 4 metralhadoras e 2 canhões.  Mais de 300 soldados fugiram e quase 200 morreram no confronto com os sertanejos
Deu-se o segundo combate
Dia 12 de janeiro
Do outro ano seguinte
Que vou contar prazenteiro
Dezoito noventa e sete
Ano infeliz agoureiro.
A terceira expedição contra Canudos foi comandada pelo coronel Moreira César, o Corta-Cabeças. Partiu do Rio de Janeiro, no dia 3 de fevereiro de 1897, possuía quase 1300 combatentes com quinze milhões de cartuchos e artilharia pesada.
No ano de noventa e sete.
Muita coisa aconteceu
Pegou a guerra em Canudos
Moreira César morreu.
Antes de vencer o sertanejo, o sertão deveria ser vencido. Não se estava diante de uma guerra comum, mas sim de uma guerra de guerrilha, em lugares pedregosos, de subidas e descidas, em um terreno desconhecido pelos exércitos regulares, vestidos com roupas inadequadas e pesados equipamentos de guerra. Jagunços escondidos e ocultos vigiavam e aguardavam para atacar, em uma das regiões mais secas do nordeste, onde as táticas militares clássicas deram lugar ao conhecimento do terreno, do deserto e do inesperado
O último suspiro
A quarta expedição, de 16 de junho a 5 de outubro de 1897, foi comandada pelo general Artur Oscar. Possuía seis brigadas e foi dividida em duas colunas: uma comandada pelo general João Barbosa, com 2.340 homens, outra pelo general Amaral Savaget, com 3.415 homens; o 5º corpo da policia baiana, formado, também, por 388 jagunços, além de doze canhões Krupp, um canhão Withworth, “a Matadeira” e cinco navios da Marinha brasileira.
Jagunços fracos, cansados
em seus momentos fatais,
acabaram massacrados

pelas tropas federais.
Antônio Conselheiro faleceu a 22 de setembro de 1897, possivelmente por ferimentos causados por estilhaços de granada. Os soldados, que invadiram Canudos, acharam enterrado o corpo do Conselheiro, profanaram sua tumba e separaram a cabeça do corpo.
Sendo exumado o beato.
Teve a cabeça cortada
A vitória foi de fato
finalmente confirmada.
O triste fim agonizante de Canudos foi à busca de água. Principalmente sobre as barrancas do Vasa Barris, entre saraivadas de balas do exército sitiante. Os sertanejos, que estavam sedentos, avançavam e caíam, às vezes, um após outro, todos. Quando a água acabou, bebia-se de tudo, até urina e tudo aquilo que se podia chupar. Bebia-se sangue de pássaros ainda que fossem urubus, mastigava-se: folhas, talos e raízes. Tudo o que tivesse suco. A sede matou mais que as balas. Não se ouvia mais os canhões. Agora havia sede; fome, feridos e mortos.
O arraial pegava fogo. Não tinha mais o aspecto da “Canaã Sagrada” de antes. Tudo era incêndio. Eram milhares e milhares de soldados que se precipitavam dos morros, com fuzis e baionetas, entre fumaças e escombros pelos caminhos estreitos e sinuosos da antiga cidadela arruinada, queimada e devastada. Os prisioneiros, aqueles que não foram fuzilados e degolados, eram crianças de 4 a 8 anos, algumas mulheres e lutadores feridos. Todos foram vendidos como escravos para os fazendeiros da região, nove anos depois de terminada a escravidão.
Soldados do Exército brasileiro, quando entraram em Canudos, queriam encontrar papéis que comprometessem e revelassem as verdadeiras intenções monárquicas conservadoras do Conselheiro, porém dentro dos casebres destruídos não havia nada de comprometedor, apenas papéis “que não valiam nada e valiam tudo”. Eram prédicas inofensivas do Conselheiro, que não reconhecia a República.
Saiu Dom Pedro segundo
Para o reino de Lisboa
Acabou-se  a Monarquia
O Brasil ficou à toa!‘
“O sertão vai virar mar e o mar vai virar sertão”
Canudos caiu no dia 5 de outubro de 1897. No dia 6, acabaram de destruir as últimas casas, 5.200. Contra Canudos e sua gente, o exército brasileiro usou mais de 10 mil soldados (na Primeira Guerra Mundial, o efetivo do Exército foi de mais ou menos 1.610 homens; na Segunda Guerra, de 25.334) de 17 estados, divididos em quatro expedições. Na guerra, morreram mais ou menos 25 mil pessoas.
Há algo muito claro na Guerra de Canudos, a população de Canudos e de  outras regiões do Brasil foram enganadas e manipuladas pelos políticos da Bahia e do Governo Federal, ficaram no centro da disputa entre Conservadores e Liberais. A Guerra de Canudos é um enigma na história do Brasil. Episódio obscuro e mal resolvido. Depois de quatro expedições do Exercito Brasileiro contra Canudos, o Arraial foi destruído pelo fogo e apagado do mapa pelas águas do açude de Cocorobó.
“Mas quando a terra diz: “Ele não morre”
Responde o desgraçado: “Eu não vivi!...”
(Castro Alves)


Bibliografia
Llosa, Mario Vargas. La Guerra del Fin del Mundo. Fundación Biblioteca Ayacucho. 1991. Caracas – Venezuela.
Cunha, Euclides da -1866 – 1909. Os Sertões. Seleção, introdução e vocabulário Olimpio de Souza Andrade. Edições de Ouro. Rio de Janeiro.
Canudos: Cartas para o Barão/Consuelo Novais Sampaio (organizadora) – 2ª ed. 2001 São Paulo: Ed da Universidade de São Paulo: Imprensa Oficial do Estado.
Romero, Silvio. Estudos sobre a poesia popular do Brasil. 2. Ed. Petrópolis, 1997, pag. 41
Web:
www.projetociclovida.blogspot.com.br
Canudos na literatura de cordel –josecalasans.com
Ruth Farah Nacif Lutterback – Cordel. O Fim de Canudos – 100 anos sem Euclides- Projeto Cultural
(PDF) O Estado e a inerência da violência: A República Brasileira contra Canudos. www.faceq.edu.br